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Deadlines:
Desde las coplas de Jorge Manrique (poeta del siglo XV), el tema del paso del tiempo ha estado presente en la literatura española.
En su primera copla deja constancia de la concepción ascética de la vida, del desprecio de la vida, que pasa rápido.
En otra de sus coplas menciona el poder igualatorio de la muerte (que trata igual a ricos o pobres) comparando las vidas con ríos, que finalmente desembocan en el mar, “que es el morir”.
Concibe la muerte como algo natural, el hecho de compararla con la desembocadura de un río en el mar muestra que lo percibe como algo innato a los seres humanos, que solo se puede aceptar con naturalidad.
Ya en el Renacimiento, Garcilaso de la Vega (S XVI ) desarrolla el tópico del Carpe Diem, es decir, “vive el momento”.
Es una concepción de la vida y la muerte distinta a la de la Edad Media. Reaccionan frente al ascetismo; el desprecio a la vida y lo mundano; y, el aprecio de lo eterno.
En el soneto de Garcilaso, los dos primeros cuartetos describen a una mujer muy bella, según los cánones nórdicos: su rostro es pálido y su cabello rubio parece escogido del propio oro.
En los tercetos se manifiesta el Carpe Diem. Viene a decir que es necesario aprovechar en la juventud ( alegre primavera ) todas cuántas oportunidades se presenten ( el dulce fruto), antes de que la vejez ( el tiempo airado) acabe por impedirlo.
Para Garcilaso el tiempo lo cambia todo, cambia nuestras vidas y por supuesto, la efímera belleza, pero lo que nunca cambia es su costumbre de cambiar.
Un siglo después, con Luis de Góngora como representante de la poesía barroca, se sigue dando especial importancia al tema del tiempo .
El Barroco se caracteriza por la tensión, el desengaño y el gusto por los extremos (entendiendo los extremos en los estados anímicos).
En los primeros cuartetos, al igual que Garcilaso, describe a una mujer realmente bella. Hay tensión en la competición:
En los dos tercetos se desarrolla el tema del Carpe Diem, tratado con mayor crudeza.
Góngora se dirige por primera vez a las partes del cuerpo enunciadas en los cuartetos, y es a éstas a quien aconseja gozar del momento.
El desengaño sigue una degradación descendente: “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”. La palabra NADA, es claramente rotunda, simboliza lo trágica que es la muerte.
Las similitudes entre ambos sonetos serían el tópico del Carpe Diem y el tema de la belleza. Las diferencias vendrían marcadas por su forma de tratarlos. Mientras que el Renacimiento está caracterizado por la armonía y optimismo, el Barroco refleja la tensión y sobre todo el desengaño.
La armonía del Renacimiento está influenciada por los clásicos, pues se vuelve a su estética.
También Quevedo, otro de los mayores exponentes de la poesía barroca en España se preocupó por el triunfo del tiempo y del desengaño.
- En el soneto 1, vuelve al principio, a los temas que trataba Jorge Manrique pero con un tono más angustiado, propio del barroco.
Hay contenidos referidos sólo al tiempo: en el primer terceto vuelve a la 2ª copla de Manrique e incide en el tiempo que pasa rápido. Tan rápido que en el último terceto se cree capaz de juntar pañales con mortaja, en una trágica metáfora.
Es un desengaño puro, tétrico, oscuro y realmente muy pesimista. No queda nada del optimismo del Renacimiento.
Para el poeta, vivir es ir muriendo.
Esta relación y constante unión vida-muerte es el segundo contenido del soneto.
- En el soneto numero 2, nos muestra la vida como un paréntesis entre dos nadas. El nada de antes de nacer y el de después de morir.
Hay una continúa antítesis entre el ayer y el mañana, pues la vida es tan solo un punto prácticamente insignificante en la inmensidad del mundo.
Está angustiado y así lo transmite, la muerte es un precipicio. Al igual que en el primer soneto intenta mostrar cómo vivir es ir muriendo, con el verso: “menos me hospeda el cuerpo, que me entierra”.
Es el tiempo el que cava la tumba.
- De nuevo, en el tercer soneto recrea el tópico de que vivir es ir muriendo: “antes que sepa andar el pie, se mueve camino de la muerte”.
Ha adjetivado la comparación de Jorge Manrique vida-río. La vida es oscura, el río pobre y turbio y el mar negro.
Se aprecia una modificación, de la serenidad se pasa a la angustia y al miedo.
En el último terceto quiere convencerse de que la muerte es sólo una de tantas leyes que se deben acatar y, por tanto, no hay por qué entenderla como un castigo amargo o duro, pero no lo consigue.
El tiempo es un tema que ha preocupado al hombre a lo largo de toda su existencia y ha utilizado campos como la filosofía, la poesía,… para estudiarlo
En la poesía española de los siglos de oro el tiempo ha tenido principalmente dos visiones; por un lado la visión de la Edad Media, que tiene como máximo representante a Jorge Manrique, el cual mantiene una visión típicamente medieval, la ascética, despreciando lo mundano y apreciando sólo lo eterno, lo duradero y lo permanente. Esto se puede observar de una forma clara en la arquitectura: pensada para la eternidad, que hoy en día sigue permaneciendo intacta. Sin embargo, a medida que avanzamos en el tiempo, vemos que en el Renacimiento y en el Barroco la visión ascética cambia y es sustituida por el “Carpe Diem” (disfruta el momento) y aunque el tema de estas dos épocas sea el mismo, cada una le da matices que las diferencian, así sucede con el paso del tiempo y su consecuencia: la muerte, no nos resultará angustiosa cuando leamos a Garcilaso y en cambio sí lo hará al leer poemas de Góngora.
Ahora analizaré con más detenimiento poesías pertenecientes a la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco:
Jorge Manrique, autor en la Edad Media, escribió “Coplas a la muerte de su padre”, donde se nos muestra una visión ascética ante la vida; en la primera y segunda coplas incide mucho en el concepto del tiempo y quiere decirnos que si analizas tu vida te das cuenta de que el tiempo pasa fugazmente y que lo que nos queda volará de igual manera que lo anterior; Jorge Manrique sabe que no tenemos por qué engañarnos pensando que nos queda mucho tiempo por delante;
En la tercera copla, sin embargo, no hace referencia al tiempo directamente, sino a lo que ocurre cuando éste se acaba y morimos. No quiere que veamos a la Muerte como algo temible, sino como algo natural: al igual que un río desemboca en la mar, nuestras vidas desembocan en la muerte. También hace referencia al carácter igualatorio de la muerte, puesto que igual mueren ricos que pobres.
En los sonetos de Garcilaso y Góngora ya aparece el “Carpe Diem” como tema central del Renacimiento y Barroco aunque resaltaremos los matices que los diferencian:
En el primer cuarteto Garcilaso describe la belleza de una mujer joven: blanca, con mejillas rosadas, mirada ardiente pero a la vez honesta, que despierta pasiones pero también las frena; En el segundo cuarteto sigue describiéndola: su cabello es rubio como el oro y su cuello esbelto. Se respira armonía al leerlo, ella y los términos que sirven para hacer la comparación (azucena, oro, etc.) no compiten.
En el primer y segundo terceto ya habla del tiempo, de lo poco que dura la juventud y de que por eso mismo debe disfrutarla (“Carpe Diem”), antes de que el tiempo convierta sus cabellos de oro en otros canosos y su juventud acabe por marchitarse, puesto que el tiempo lo cambia todo menos su costumbre de cambiar, paradoja con la que muestra la fugacidad de la vida. El verbo que nos marca el “Carpe Diem” es “coged” e inicia con este los tercetos que finalizan con optimismo y serenidad.
Góngora también describe la belleza de una mujer, sus cabellos también son rubios, que brillan más que el sol, sus labios y el clavel compiten entre ellos por ver quién les mira más, hay tensión en vez de la armonía que veíamos en Garcilaso.
En los tercetos se trata también el “Carpe Diem”, el verbo que lo demuestra es “goza” y también es el que inicia los terceto; como vemos la estructura es la misma que en Garcilaso, pero aquí no hay armonía sino desengaño, el tiempo lo destruye todo así que Góngora dice que disfrutemos del cuerpo antes de que se vuelva plata o violeta tronchada, y al final acabe convirtiéndose “en tierra, en huno, en polvo, en sombra, en nada”, es en esta gradación descendente donde apreciamos el desengaño del Barroco frente al optimismo del Renacimiento.
Por último hablaremos de Quevedo, que es el poeta más trágico de todos, leerlo es como volver a la Edad Media pero con un tono mucho más angustiado que el de Jorge Manrique.
En el primer soneto podemos decir que hay dos reflexiones, la primera es la referente al tiempo y la segunda a la muerte. Habla de la fugacidad e inconsistencia del tiempo quiere que el pasado vuelva y le llama pero sólo está presente en el recuerdo; el tiempo se le escapa de las manos y se aprecia el cansancio vital en sus sustantivaciones. Para Quevedo vivir es ir muriendo y desde que nacemos nuestros pañales serán mortaja ya que cada vez nos queda menos tiempo para morir.
En el segundo soneto que tenemos de Quevedo vemos cómo se queja de la inconsistencia de la vida, la vida es un paréntesis entre dos nadas, y ve como la suya es apenas un punto; también habla de lo inútil que es luchar contra la muerte puesto que nos desgasta y al final no podemos hacer nada para evitarlo. Demuestra la angustia que le produce caer en la muerte despeñado, como si fuera un precipicio, la muerte ya no es algo natural como con Jorge Manrique, sino angustioso. Quevedo ve cómo su cuerpo es su propia tumba y no su casa, además el tiempo junto con sus angustias cavan su propia tumba.
Finalmente, en el tercer soneto, Quevedo ve cómo la muerte se burla hasta de los materiales más resistentes como el acero y el mármol, el tiempo destruye su dureza;
En el segundo nos dice que en cuanto aprendemos a andar nos vamos encaminando hacia la muerte (vivir es ir muriendo) y otra vez nos demuestra su miedo ante la muerte, habla de un río pobre y turbio, y de un mar negro, que ya nada tiene que ver con esa armonía que nos transmitía Jorge Manrique, ahora no lo vemos como algo natural.
En los últimos tercetos emplea algunas paradojas que tratan de decirnos que todo nos lleva hacia la muerte; aunque estemos parados vamos hacia ella y finaliza de un modo triste ya que él quiere pensar como Jorge Manrique. Quevedo sabe que la muerte es una ley y que como tal se debe cumplir, sabe que no debería sentir esa angustia, pero aún así no puede evitar tener miedo.
Jorge Luis Borges dijo que “el tiempo es un problema para nosotros, un tembloroso y exigente problema, acaso el más vital de la metafísica” y acertó de pleno puesto que el tiempo es un tema que preocupó, preocupa y preocupará al hombre siempre, que ve cómo la vida se le escapa de las manos sin poder hacer nada para evitarlo.
EL TEMA DEL TIEMPO EN LA POESIA ESPAÑOLA DE LOS SIGLOS DE ORO
COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE (Siglo XV) Recuerde (1) el alma dormida, (1) Despierte. Pues, si vemos lo presente Nuestros vidas son los ríos Jorge Manrique |
CARPE DIEM (RENACIMIENTO Y BARROCO) En tanto que de rosa y azucena Y en tanto que el cabello, que en la vena (8) (8) Filón. Coged de vuestra alegre primavera Marchitará la rosa el viento helado, Garcilaso de la Vega (S. XVI) |
Mientras que Mientras que por competir con tu cabello Mientras a cada labio, por cogello, Goza cuello, cabello, labio y frente, No solo en plata o víola troncada (13) (13) Violeta tronchada. Luis de Góngora (SXVII) |
EL BARROCO: EL TRIUNFO DEL TIEMPO Y DEL DESENGAÑO ¡Que sin poder saber cómo ni adónde Ayer se fue; mañana no ha llegado; En el hoy y mañana y ayer, junto 2 Breve combate de importuna guerra, Ya no es ayer; mañana no ha llegado; Azadas son la hora y el momento 3 Antes que sepa andar el pie, se mueve Todo corto momento es paso largo Francisco de Quevedo ( S.XVII) |
Francisco de Quevedo ( S.XVII) Notas a los poemas de Quevedo:
Versos 3-4: “El destino ha ido robándome mis días; mis devaneos esconden mis horas.
Versos 3-4 Pasaje de difícil interpretación:”Mi ambición es vivir y veo que el círculo de mi vida es apenas un punto”. |
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